viernes, 16 de octubre de 2009

“EL SILENCIO DEL PRESIDENTE”

Durante meses he observado cada sábado a una madre que, con puntualidad kantiana, acudía al Punto de Encuentro Familiar para ver a sus dos hijos adolescentes. Se sentaba en el sofá y en silencio, con rostro triste y sereno, esperaba a los niños. Sus hijos llegaban después acompañados de su padre. El Técnico informaba a los niños que su madre ya estaba ahí para verlos. El niño menor, totalmente manipulado y con agresividad contestó al Técnico “ya te hemos dicho cien veces que no queremos verla”. El niño mayor, taciturno, seguía a su hermano menor durante el corto trayecto entre las dos habitaciones que separaban a la madre de los hijos. La visita duró escasos minutos. Los niños regresaron a la habitación dónde les esperaba su padre, al cual informaron pormenorizadamente de lo acontecido en el encuentro con la madre, y el padre, con sus comentarios perversos, afianzó la postura de rechazo de los niños, sobretodo del pequeño, hacia su madre. El niño mayor escuchaba con tristeza los comentarios cruzados entre su hermano menor y su padre acerca de su madre. Después obtuve información de que el niño mayor mantenía contactos “clandestinos” con su madre, aunque no lo pude comprobar.

En ese mismo Punto de Encuentro vi a una niña pequeña salir llorando a la calle cada vez que su padre iba a recogerla y preguntar reiteradamente si el padre de su padre ya había muerto, para organizar una fiesta (la palabra abuelo está vetada en su vocabulario). Después de estar con su abuelo paterno esa misma niña iba siempre a despedirse de él a los pies de su cama donde su abuelo, enfermo, le pedía que dijera a sus hermanos mayores que le llamaran por teléfono, pues desde hace más de 5 años a los niños mayores se les impidió la relación con los abuelos a los que antes adoraban. La niña después decía a su padre “ya sabes que eso no va a ocurrir”. No es ciencia ficción, es real, estos episodios no han ocurrido en la Argentina de Videla ni en Chile de Pinochet. Está ocurriendo en España. Y lo más grave es que desde instancias del Gobierno de la Nación, tratan de negar este terrible maltrato a menores.

Recientemente se produjo un episodio que tiene una gravedad extrema. El Presidente del Gobierno, D. José Luis Rodríguez Zapatero, conoce que esto está pasando, y mostró su solidaridad con una madre afectada enviando una carta que salió a la luz a raíz de un Congreso Internacional celebrado en León en el que participaban psiquiatras y psicólogos extranjeros y españoles que abordaron este trastorno conductual y este maltrato a niños.
El Presidente, decía en su misiva a la madre afectada :“Efectivamente, se trata de un grave problema que se les plantea a aquellos que menos culpa tienen, es decir, los hijos, pero también a los padres que tienen la desgracia de vivir situaciones como las que se plantean en este libro” (refiriéndose al libro del psicólogo D. José Manuel Aguilar Cuenca sobre el Síndrome de Alienación Parental). Añadía el Presidente “creo que la sociedad debe sentirse obligada para que desaparezca la manipulación a la que muchos padres someten a sus hijos para que odien a su otro progenitor….”.

La humanidad del Presidente fue silenciada inmediatamente, pues su carta tuvo que ser retirada de la presentación del referido Congreso y unos días después, desde un Ministerio del propio Gobierno que él Preside, se dio cobertura para la presentación de un libro donde se negaba que esto existiera. No es políticamente correcto admitirlo y esto podría tener una repercusión electoral contraria a los intereses de los que quieren permanecer en sus poltronas. Incluso se sirven de algún psiquiatra para amparar “científicamente” tesis negacionistas. Esto no debe sorprender. Es habitual que los regímenes políticos instrumentalicen a médicos para avalar su ideario. El Régimen Franquista también lo hizo con un “prestigioso” psiquiatra para dar cuerpo científico a una buena parte de la política penitenciaria de la dictadura, llegando a hacer afirmaciones tan atroces como que “un marxista era un débil mental”. Pero en aquel momento era “políticamente correcto”.

Afortunadamente para la humanidad y para la infancia, reputados psiquiatras y psicólogos en todo el mundo exponen la gravedad de lo que ocurre en una abundante bibliografía (Richard Gadner, L.F. Lowenstein, John Dunne, Marsha Hedrick, Mary Lund, Deirdre Conway Rand, Douglas Darnall, Staley Clawar, Brynne Valerie Rivlin, Janelle Burril, Kenneth Byrne, Von Boch-Galhau, Michael Bone, Tony Hobbs, Guglielmo Gulotta, etc.etc).

La posición de los Juristas es complicada. Jueces y Fiscales de Menores, en la práctica jurídica, observan que esto existe. La Memoria de la Fiscalía del año 2009 alertó sobre la gravedad de estas situaciones; el Juez Francisco Serrano Castro lamentó que desde un determinado Ministerio se persista en su actitud de negar realidades y evidencias partiendo de posicionamientos sectarios y alienadores. Si desde determinados sectores del Gobierno se trata de silenciar este maltrato, si no se aborda con rigor científico la alienación parental, con las consecuentes medidas legislativas, el derecho de familia se está aplicando en España en condiciones precarias, y los propios Jueces pueden convertirse en instrumento para perpetuar el dolor y el daño psíquico en niños, y a su vez en posibles víctimas.

Si algún día las víctimas de esta tortura psíquica acaban padeciendo alguna patología (algún niño incluso ha llegado a suicidarse y así se recoge en bibliografía sobre el SAP), o simplemente denuncian haber sido maltratados psicológicamente durante su infancia, podrán demandar al Estado y la Administración que en su momento sea demandada, tratará de desligarse del problema y no es descartable que traten de dejar al Juez “tirado”, como a veces ocurre atribuyendo al titular del órgano la responsabilidad, sin realizar una autocrítica sobre la carencia de medios del sistema judicial, porque el poder ejecutivo de turno, sí dispone de los medios y de la propaganda adecuada para manipular a la opinión pública.

Si persiste esta pasividad de los políticos que dirigen la Administración generándo este grave sufrimiento y daño psíquico en niños inocentes, instituciones como UNICEF y Amnistía Internacional deben denunciar que esto ocurre en España, pues las víctimas, los niños que viven un secuestro emocional, no tienen voz, ni voto. ¡Quizá esto último sea la causa de que no se les tenga en cuenta!. Julia Barceló.